Make your own free website on Tripod.com
Libro Siglo XX | Síntesis | Prólogo: Mikel de Viana | Pórtico: Mauricio Gómez Leal | El Autor | La crítica (1) | La crítica (2) | La crítica (3) | Reseña Gráfica | Extractos | 24 Trocitos | Notas y Enlaces de Interés. | Mandingo | La Piñata como Herencia | María Conchita | Puyas, lochas, mediecitos y ñapas | Gómez López Medinismo | Ya está a la Venta en... Caracas | Ya está a la Venta en... Interior y Exterior

Libro: Siglo XX Nadie Tuvo La Razón

Gómez López Medinismo

Las sociedades humanas, al igual que los seres vivos que las conforman, suelen engendrar en sí mismas a los gérmenes de su propia destrucción. Es una especie de biodialéctica de permanente vigencia.

Juan Vicente Gómez había logrado lo que no pudo hacer ninguno de los gobiernos venezolanos, desde Páez hasta Castro. Unificó el país, puso orden e instauró bases sólidas para el aprovechamiento de los recursos en afán de progreso.

Uno de sus logros más significativos lo constituyó el mejoramiento de la instrucción, que si hasta el tiempo presente es insatisfactoria y deficiente, prácticamente era nula antes de su gestión.

Mejorar la educación, sirvió para mucho y para comenzar a enredar nuevamente las cosas. Porque en materia de enredos, lo único peor que un revoltoso, es un revoltoso instruido.

Una manera tan válida como cualquier otra de clasificar la intelectualidad de la raza humana, es mediante su agrupación en tres grandes segmentos muy bien definidos.

Los nada-pensadores, con cerebros de condiciones limitadas al fiel seguimiento de instrucciones precisas.

Los jala-pensadores, ocupados exclusivamente en sobrevivir a cualquier precio, dando siempre la razón a quien ostente el poder.

Y finalmente, la indispensable minoría, constituida por los libre-pensadores, cuyos días de libre-pensar y de libertad, generalmente están contados, por lo quisquillosos que se vuelven los regímenes políticos y las estructuras de poder.

Aunque resulta complicado establecer la proporción de nada, jala y libre-pensadores en un determinado conglomerado social, arbitrariamente y para nuestro exclusivo consumo, disponemos de algunos métodos, cuyos resultados son de gran confiabilidad. Hélos aquí.

Si en el conglomerado en estudio existe una gran paz laboral, no hay huelgas, manifestaciones, ni revueltas contra los patronos ni el gobierno, posiblemente exista una gran proporción de nada-pensadores.

La proporción de jala-pensadores resulta un poco más difícil de determinar, ya que constituyen el típico segmento iceberg, donde toda la parte que sobresale, se caracteriza por dedicar sus mejores esfuerzos a jalar para que el resto permanezca hundido, como única manera de que sólo les tomen en cuenta a ellos.

Los jala-pensadores, tienden a realizar muy convenientes simbiosis con los nada-pensadores, quienes pacíficamente nadan a su alrededor y con los cuales conviven cómodamente.

Intentar determinar la proporción de libre-pensadores es tarea arduo difícil, ya que numerosos intereses se ocupan, con gran celo, de tratar de mantenerlos fuera de circulación. Pero el método de los artefactos eléctricos, nos puede procurar indicadores bastante interesantes. Este método consiste en observar el comportamiento de fabricantes y consumidores frente a los artefactos electromecánicos.

En Venezuela, por ejemplo, los fabricantes no suelen imprimir instrucciones de uso ni de ensamblaje, si las imprimen están llenas de errores y cuando no tienen errores, están incompletas. Por su parte, el consumidor venezolano, ni se preocupa de si el artefacto viene acompañado de instrucciones, si las trae, posiblemente no las lea, si las lee, no las lee completas y, en el caso extremo de que complete su lectura, seguramente no entiende buena parte de su contenido, bien por ser muy técnico o bien, por la majadería de los fabricantes extranjeros de escribirlas en su propio idioma.

Para los escépticos acerca de las bondades de este método, basten estos ejemplos. ¿Los días 25 de Diciembre, cuántos cariñosos padres no han malogrado los juguetes nuevos de sus hijos, tratando de armarlos y de hacerlos funcionar, sin haber leído previamente las instrucciones?

¿Y a cuántas dulces damas no hemos visto atravesadas en medio de la autopista, desempacando por vez primera el manual de su automóvil, porque se quedaron sin gasolina o por una falla originada en precauciones elementales - poner aceite al motor o agua al radiador, por ejemplo - que ellas ignoraban?

Casos como estos parecen demostrar la tendencia libre-pensadora de la población, así como el permanente estímulo de la clase empresarial a su desarrollo.

Finalizadas, las extensas digresiones anteriores, volvamos al asunto que nos ocupa. Durante buena parte del Siglo XIX, el temita de libre-pensar no estuvo muy en boga, ya que era de mucha mayor importancia ocuparse de libre-disparar o de libre-machetear, para poder sobrevivir.

Además, los más conspicuos cultores de esa disciplina habían acabado sus existencias en el exilio, como en los casos de Andrés Bello, Francisco de Miranda y Don Simón Rodríguez.

Pero en el gobierno de Gómez, ya habían abierto sus aulas muchos colegios, liceos y hasta Universidades, sitios a los cuales llegaban textos diferentes a los de los numerosos panegiristas y plumarios de la época, que eran los únicos que podían circular libremente por las calles.

Los jóvenes estudiantes venezolanos, a falta de televisores y nintendos, comenzaron a leer ávidamente y a inflamar su imaginación con los escritos de autores muy en boga en otras latitudes.

Aunque no hay cifras al respecto, imaginamos que el rating de librería de Rousseau, Marx o Engels, debe de haber sido sumamente elevado, dada la sobrepoblación que llegaron a tener La Rotunda y el Castillo de Puerto Cabello, calmas locaciones adonde el régimen enviaba a quienes gustaban de reflexionar acerca de temas tan extraños y profundos como peligrosos.

Producto de la nutrición intelectual, algunos estudiantes comenzaron a tener bajo sus pajillas y bombines, indispensables adminículos complementarios en los atuendos de la época, algo más que caspa engominada.

Llegado el año 28, ocurren una serie de curiosos incidentes en el ámbito estudiantil, con la participación de un grupo de destacados estudiantes, quienes luego habrían de ser importantes factores de nuestro acontecer político, durante buena parte del resto del Siglo XX.

Como los sucesos estudiantiles del año 28 fueron bastante enrevesados, reina de belleza y todo de por medio, y parecen mucho más enrevesados cada vez que Olavarría intenta esclarecerlos en su Histeria Viva, nos limitaremos a reseñar su resultado final.

Enterado el gobierno de que los estudiantes estaban difundiendo ideas, que esas ideas decían que eran nuevas, que esas ideas eran distintas a las que tenía el gobierno y que, entre otras cosas, se preguntaban las razones de lo extenso del período de gobierno, inmediatamente lanzó a la calle a un cuerpo especializado de catedráticos y profesores, denominados chácharos, que en lugar de lápices utilizaban peinillas y que se encargaron de dar inolvidables lecciones a los neo-revoltosos.

Las lecciones surtieron el efecto que Gómez deseaba. La generación del 28 se cuidó muy bien de armar nuevos bochinches hasta el glorioso y nunca bien ponderado año de 1.945, cuando estuvieron bien seguros, a nueve años de la muerte del que ahora despectivamente llamaban El Bagre en lugar de Benemérito, de que no habría chácharos repartiéndoles plan de machete, ni algún Nereo Pacheco asignándoles a sus tobillos aquellos pesadísimos animalejos que mentaban grillos.

Rómulo Betancourt, Rómulo Gallegos, Andrés Eloy Blanco, Jóvito Villalba, Raúl Leoni y Gonzalo Barrios, son algunos de los que en ese tiempo han comenzado a tener una visión distinta de las realidades y posibilidades del país.

Para no dar lugar a equívocos, debemos aclarar que el título de este capítulo Gómez-López-Medinismo, a quienes mete en un mismo saco es a Juan Vicente Gómez, Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita. Y que los meta allí, no es mi culpa. Cada vez que los busco, los encuentro allí juntitos. López fue la prolongación de Gómez y Medina la de López y Gómez. Y esto no lo decimos en sentido peyorativo. Afortunadamente ocurrió así y para bien del país.

A la sociedad venezolana le pasó como al viejo de la esquina, que siempre vivió con su mujer, a la cual le fue sumamente fiel, aunque de vez en cuando atisbaba por su ventana a la guapísima y joven vecina de enfrente. Cuando su esposa murió, no tenía valor para traer a su vecina a vivir con él. Y transcurrió mucho tiempo frente al ataúd donde inerme yacía Dictadura, sin atreverse a ir a buscar a su atractiva vecina Democracia.

López y Medina fueron los garantes de una transición sin mayores traumas. La ocurrida de Dictadura a Democracia. Con dictadura habíamos vivido siempre. A la Democracia, no la conocíamos más que por referencias muy lejanas.

Cuando ocurre la muerte del General Gómez, el General Eleazar López Contreras, quien se consideraba a sí mismo como un hijo del mandatario, está ocupando el cargo de Ministro de Guerra y Marina.

Siendo el General Gómez un hombre de avanzada edad y con algunos problemas de salud, el tema sucesoral estaba en el tapete de todo el sector político desde hacía algunos años. A pesar de que no existen evidencias de que nadie hubiese tratado el tema directamente con Gómez, quien tenía santo horror de hablar sobre el tema de la muerte, a esta distancia todo parece indicar que había una entente, no declarada, entre Gómez y López sobre el particular.

Ambos parecían saber, y esto era consideración fundamental, que no sobreviviría un gomecismo sin Gómez, de manera que la muerte del dictador marcaría la desaparición del gomecismo y el inicio de un cambio.

López Contreras tuvo habilidad suficiente para no inclinarse a favor o en contra de ninguno de los bandos formados en la propia familia del general y demostró fidelidad absoluta al dictador, hasta el extremo de no mediar por la libertad de su hijo detenido en La Rotunda como preso político del régimen, a raíz del fallido asalto al Cuartel San Carlos, que él mismo había dominado como jefe militar y en el cual uno de los atacantes era precisamente su primogénito, Eleazar López Wolckmar.

Por su parte, Gómez tiene una numerosa familia que no le inspira toda la confianza necesaria, posiblemente por las luchas que han librado entre ellos por sucederle, quizás antes de la llegada del tiempo señalado.

Gómez , quien procreó numerosas familias en ningún matrimonio, ha perdido a su hijo más querido, Alí, durante la epidemia de gripe española del año 18 que asoló a buena parte de la población. Quizás era Alí, el único pariente en quien hubiese depositado su confianza en esa materia sucesoral. Sin embargo, cuando su hijo agonizaba, no quiso entrar a verle, por el terror que le inspiraban las enfermedades y el consecuente temor al contagio.

De manera que, quizás porque no tenía parientes que le inspiraran suficiente confianza, o por evitar la lucha a cuchillo entre ellos, puso a prueba y comprobó repetidas veces las facultades, lealtad y fidelidad de López Contreras, militar y andino como él y a quien conocía desde la expedición de los 60 con la cual habían entrado a Caracas bajo el mando de Cipriano Castro.

En efecto, López Contreras, partió de los Andes siendo un muchacho de 16 años, en las filas que acaudillaba Cipriano Castro. Y cinco meses después, herido en un brazo, entró a Caracas con la triunfante revolución que depuso al General Ignacio Andrade.

Su historial en cuanto al desempeño de cargos civiles y militares fue extenso y siempre impecable. Tuvo oportunidad de viajar a los Estados Unidos y Europa, donde conoció los esfuerzos de recuperación de la post-guerra.

A la muerte de Gómez, López asume el cargo de Presidente Provisional hasta la fecha en la cual concluiría el mandato de Gómez, de acuerdo a las disposiciones legales existentes. Al poco tiempo, el Congreso de la República, le elige Presidente. La oposición manifiesta descontento, no por razones expresas en contra de López Contreras, sino porque había sido electo por un congreso gomero. Desde luego, de no haber sido por esa razón, rápidamente hubiesen encontrado alguna otra porque para eso está la oposición.

En un régimen no democrático, donde por siempre la administración pública ha sido regida por la voluntad férrea del gobernante y el ejercicio nominal de la primera magistratura ha obedecido a las caprichosas conveniencias de Gómez, el mandamás militar era el único sucesor natural para ocupar la presidencia.

López Contreras, al igual que la mayoría de los funcionarios del régimen gomecista, no ha sido artífice sino ejecutor de la política de Gómez. Ni su personalidad, ni su formación están conformadas en el mismo rígido esquema de Gómez. De hecho, entiende la necesidad de realizar cambios profundos, aunque no tiene noción exacta del alcance de tales cambios, ni posibilidad real de ejecutarlos.

Una de las primeras medidas del gobierno de López, con vistas a crear un clima de distensión, fue vaciar las prisiones de detenidos políticos, abrir las fronteras para el regreso de los exiliados y demoler al símbolo de la opresión enclavado en el mismo centro de la capital, la tristemente célebre cárcel de La Rotunda.

El populacho se lanza a las calles a saquear las propiedades de los gomecistas y el gobierno no reprime esos saqueos. El congreso decreta la confiscación de bienes de la familia de Juan Vicente Gómez y el gobierno de López ejecuta la medida.

López Contreras recibe en la mañana a un grupo, les oye y les da la razón. En la tarde oye los argumentos en contrario de otro grupo radicalmente opuesto a los de la mañana y también les da la razón. En la noche, frente a los reclamos de su esposa al enterarse de ambos pronunciamientos contradictorios, le responde: ¡Tú también tienes la razón!

Quizás por esa actitud permanente de convivencia, Chío Zubillaga, cronista caroreño, calificaría como el quinquenio socarrón al período presidencial de López Contreras. Nombrar como Chío al historiador Cecilio Zubillaga Perera, no es abuso de confianza, sino que en Carora no hay quien no tenga apodo.

Potoño y Baloncho, por nombrar algunos, son cariñosos apodos muy comunes en la cálida región caroreña. Así como el Zulia se distingue por nombres un tanto rebuscados, como Hermágoras, Epaminondas o Salmudio. Y en el oriente a todos le ponen diminutivos. Lo ilustra el general José Francisco Bermúdez, cuando le informan de las victorias de su amigo Antonio José de Sucre en Ecuador y exclama: ¡Así serán de flojos por allá, que hasta Toñito les está ganando batallas!

Recién instalado su gobierno, López Contreras formula el llamado Programa de Febrero, y luego un Plan Trienal, donde propone un conjunto de iniciativas en cuanto a la organización de la educación y alfabetización, régimen municipal, la supresión de los monopolios, la reforma de la Ley del Trabajo y la creación de la Oficina Nacional del Trabajo.

Entre sus colaboradores más destacados figuraron, Esteban Gil Borges, Alberto Adriani, Alejandro Lara, Caracciolo Parra Pérez, Amenodoro Rangel Lamus, Arturo Uslar Pietri, Arnoldo Gabaldón y Tulio Chiossone.

Figura destacada fue el Dr. Manuel Rafael Egaña Berroeta, abogado natural de Zaraza, quien siendo Director de Crédito Público, a la muerte del Dr. Adriani ocupa la cartera de Hacienda y luego la de Fomento, donde sería titular en otras dos ocasiones, en los gobiernos de Delgado Chalbaud y de Raúl Leoni. Con destacada participación en los proyectos de creación del Banco Central y de la primera Ley de Impuesto Sobre La Renta, gran conocedor del tema minero en general y petrolero en particular, sus aportes fueron decisivos en la modernización de nuestras instituciones financieras.

Llegó el Dr. Egaña a formular un proyecto de desarrollo integral de prioridades en materia de electrificación, vialidad y sistemas de riego, que incluía la construcción de un canal navegable de salida del Orinoco hacia el mar Caribe, a través de su natal Estado Guárico.

Luego de pasada la larga hibernación que Gómez había decretado a las libertades, esa sociedad venezolana no está preparada para las transformaciones que en su propio seno se originan. Preñada de libertad y democracia, comienza a sentir vértigos y todas las manifestaciones de aquello que pugna por ver la luz y que ya nada será capaz de detener.

Como buena primeriza, está desorientada y molesta. Las recetas que le aplican durante todo su largo embarazo, no siempre le producen los mejores resultados. Así, lo que Luis Piñerúa hubiera resuelto de un plumazo - recordemos su propuesta de enviar un comando que traiga a los banqueros prófugos de vuelta al país -, lo intenta resolver el gobierno de López Contreras por la jurídica vía de la que se denominó Ley Lara.

Don Alejandro Lara Nuñez fue un ilustre abogado nacido en la lejana Caicara de Maturín, que realiza estudios en Puerto España, que se gradúa de abogado en la Universidad Central y a quien recién graduado, el General Nicolás Rolando le nombra como Presidente de la Corte Suprema del Estado Sucre.

Destacado en el ejercicio de su profesión, se convierte en apoderado de importantes firmas comerciales. En la actividad privada, llega a ser Presidente del Banco de Venezuela, Director en Cervecería Caracas y Cervecería Nacional, y fundador y director del Banco Venezolano de Crédito, desde donde, en representación de su Presidente, Don Henrique Pérez Dupouy, demanda al Banco Central de Venezuela por la devolución de las reservas de oro de dicho banco.

Su actuación en la administración pública, también fue destacada. Como Ministro de Hacienda, realizó una revaluación de la moneda, desde la paridad cambiaria de 3.30 a la de un bolívar por dólar, siguiendo una receta familiar que posteriormente extraviaron o no llegó a las manos de Luis Herrera, Lusinchi, Carlos Andrés, ni mucho menos a las de Caldera.

Como Ministro de Relaciones Interiores, propone una Ley de Orden Público, concebida como instrumento legal que dotara al gobierno de facultades para disolver manifestaciones de orden público cuando no llenaran los requisitos exigidos.

Como no podemos reproducir el texto completo de esa ley, tampoco nos tomamos el trabajo de revisarla, pero por el alboroto formado y sus consecuencias, imaginamos que el requisito fundamental exigido era que las manifestaciones no fueran de más de dos ciudadanos, ni en protesta contra nada, siempre y cuando se realizaran bien lejos de nuestras más remotas fronteras.

Efectivamente, lejos de aplacar los ánimos, se multiplicaron las revueltas hasta llegar a la célebre huelga petrolera del 36 y el gobierno hubo de aumentar drásticamente la represión.

Pero como la gente siempre se acuerda de la tarde que rompiste el vidrio o de la noche que chocaste el carro, al Dr. Lara, de ejecutorias brillantes, siempre se le recuerda por la dichosa leyecita de marras, conocida como Ley Lara.

La llave de paso al torrente democrático, debe girar en ambas direcciones para controlar los raudales. Entre acelerones, frenazos y marchas atrás, desde la primigenia Federación de Estudiantes, van surgiendo las diferentes agrupaciones que terminarían convirtiéndose en los grandes partidos dominantes de la escena política venezolana del siglo XX.

Aunque López Contreras mantiene a raya a los sectores políticos que pretenden irrumpir sin orden ni concierto en la vida pública, no llega a los extremos del régimen anterior. No pretende eternizarse en el poder y acorta su período presidencial de 7 a 5 años.

El período de López es de ajustes y reacomodos. Su episodio más lamentable está representado por la inexplicable cesión a Colombia de una importante extensión territorial. Aunque López asumió como plena su responsabilidad en la firma del Tratado de Límites, que suscribiera con el Presidente colombiano Eduardo Santos, el acuerdo fue preparado por su Canciller Esteban Gil Borges y ratificado por el Congreso durante el gobierno de Medina Angarita.

En virtud de ese acuerdo, Venezuela cedió una considerable porción de territorio y prácticamente anuló sus posibilidades de plantear cualquier tipo de rectificación en la materia. Parece ser criterio unánime entre los analistas, que hubo cierta precipitación por parte de los negociadores venezolanos.

En nuestra opinión, ante una difícil disyuntiva, López se decidió por la de la preservación de la paz. Como Jefe de Gobierno, sabía que Venezuela aún no había logrado la suficiente cohesión para enfrentar enemigos externos y que el conflicto podía generar graves repercusiones en los territorios petroleros donde ahora se basaba la generación de recursos para nuestra maltrecha economía.

De hecho, López conocía que en los breves tiempos que subsistió el llamado Gran Estado de Los Andes, - que comprendía los territorios de Táchira, Mérida y Trujillo -, ente lejano de las administraciones centrales tanto de Caracas como Bogotá, no faltaron andinos que proponían la adhesión a Colombia, con la cual tenían mayores nexos a través de Cúcuta y a la cual les unían lazos de sangre e intereses comerciales.

Sin duda, ha debido conocer también, que frente a cualquier conflicto armado, las compañías petroleras no vacilarían en dar apoyo económico a quienes les ofrecieran mejores condiciones en beneficio de sus negocios de explotación.

Inicia este gobierno importantes transformaciones al crear la Comisión Codificadora y Revisora de Leyes que dirigen los destacados juristas Cristóbal Mendoza y Carlos Acedo Toro.

La construcción de carreteras, iniciada en el período de Gómez con el trabajo forzado de los presos políticos y comunes, se continúa con mano de obra contratada por su Plan de Obras Públicas.

Se redacta la Ley del Trabajo que reconoce a la fuerza laboral los derechos de preaviso, cesantía, antigüedad y utilidades. Se crean escuelas para obreros y se emprende un programa de alfabetización.

Durante su gobierno se crean los Ministerios de Sanidad y Asistencia Social y el de Agricultura y Cría, la División de Malariología, el Banco Central, la Guardia Nacional (FAC) y el Consejo Venezolano del Niño.

Es durante este período cuando se inician planes concretos y exitosos en materia de salubridad e higiene, atacando al paludismo, tuberculosis, lepra, anquilostomiasis, tripanosomiasis, blenorragia (gonorrea) y sífilis, que diezmaban a la población que sobrevivía a las luchas de los caudillos y a las cárceles gomeras.

En 1939, por encargo del gobierno, formuló Maurice Rotival su Plan Monumental para Caracas, que aunque no se llevó a cabo, sirvió de consulta y guía para algunos planes de gobiernos posteriores y de inspiración a muchos profesionales de la arquitectura en funciones de urbanismo. Según algunos detractores de ese plan, presentaba el defecto de dividir a la ciudad en sentido este-oeste, lo cual evidentemente es una crítica absurda, ya que el propio río Guaire lo hace de esa manera y Rotival lo que planteaba era el mejor aprovechamiento del accidente natural.

Durante su mandato, López Contreras encarga al eminente arquitecto Carlos Raúl Villanueva la construcción del Museo de Bellas Artes y del Museo de Ciencias Naturales en el Parque Los Caobos.

Villanueva también diseñó la Plaza de La Concordia, en los terrenos donde fuera demolida la cárcel de La Rotunda. Ganó por concurso la remodelación de El Silencio. Inició en 1944 el proyecto de la Ciudad Universitaria de Caracas, en el cual destacan el Hospital Universitario, los Stadiums y su Aula Magna, con clara influencia de Le Corbusier, obra en la cual participa el extraordinario escultor norteamericano Alexander Calder.

Si algo distinguió a nuestro Siglo XX venezolano, fue la proliferación de profesionales de la ingeniería y arquitectura, de enorme calidad, cuyas realizaciones han dotado de peculiar fisonomía a nuestras principales ciudades.

A principios de siglo destaca Alejandro Chataing, entre cuyas obras podemos mencionar el Arco de la Federación en El Calvario, la reforma del Panteón Nacional, la antigua residencia presidencial Villa Zoila, el Teatro Nacional, la Biblioteca Nacional, el Nuevo Circo de Caracas, el Arco de Carabobo, las Iglesias del Corazón de Jesús y de San Agustín del Sur, los cines Ayacucho, Capitol y Rialto y la casa de la familia Boulton, luego sede de la Guardia Nacional en la urbanización El Paraíso. Siguiendo sus pasos, su hijo, Luis Eduardo Chataing diseñó, entro otros, la Escuela de Enfermeras, el Hospital de Niños, la Cárcel Modelo, el edificio de la Cruz Roja y el Liceo Andrés Bello.

Destaca también el arquitecto Luis Malaussena, nieto del Presidente Raymundo Andueza Palacio e hijo del también arquitecto Antonio Malaussena, quien diseñara el Capitolio Federal. Luis Malaussena diseñó el Teatro de La Opera de Maracay; el Cuartel Urdaneta en Pro Patria con el ingeniero Arturo Valery Pinaud; el Conjunto de La Nacionalidad en Los Próceres; el Círculo Militar, con la colaboración de Guillermo Federico Beckhoff; los Hoteles Maracay y Macuto Sheraton; y el Palacio Blanco y cuartel de la Guardia, adyacentes a Miraflores.

En épocas más recientes, Tomás José Sanabria, Guillermo Federico Beckhoff, Fruto Vivas, José Miguel Galia., Martín, Federico y Juan Andrés Vegas Pacheco, Gustavo Legorburu, Enrique Delfino, Juancho Otaola, Enrique Siso, Daniel Fernández Shaw y Celina Bentata, junto a centenares de otros buenos profesionales, han realizado desde obras monumentales, tan variadas como el puente sobre el Lago de Maracaibo, el edificio del Banco Central, el Hotel Humboldt y Parque Central, hasta complejos hoteleros, comerciales y residenciales que combinan funcionalidad y belleza en estilos muy propios y a la altura de los mejores del mundo.

Regresando al hilo conductor del acontecer político, en uno de los excelentes documentales realizados por Bolívar Films, acerca de personajes de nuestra historia reciente, con excelente guión de Salvador Garmendia, vemos a un López Contreras tan sencillo, bailador y jovial como cualquier hijo de vecino.

En ese documental dice el Dr. Uslar: era un hombre sin pasiones, no le vi pasiones nunca a López Contreras. Quizás por esa característica, la descendencia de quien intentara aplacar los encendidos ánimos con su célebre petición de calma y cordura;, se limitó a ocho hijos en sus tres sucesivos matrimonios con Luz María Wolkmar, Luisa Elena Mijares y María Teresa Nuñez Tovar.

Arturo Sosa Abascal, superior caraqueño de los jesuitas en funciones de historiador, destaca acertadamente que el período de 1937 a 1941 fue particularmente fecundo en la discusión política, lo cual es muy cierto y resultó muy saludable para la consolidación de nuestras estructuras políticas.

Luego de entregar el gobierno, López Contreras se alejó progresivamente de su sucesor, por diferencias en cuanto a su posibilidad de volver a gobernar, idea a la cual estaba ganado con legítimo derecho, pero que rechazaba por sensatamente considerar que sentaba un precedente poco saludable para el indispensable avance en materia de consolidación del proceso de democratización.

A raíz del golpe del 45, López Contreras, es enviado al exilio junto con Medina y su mayor queja era en referencia al juicio por peculado que le siguieron los adecos, lo que consideraba una injusticia, una arbitrariedad y una afrenta (en resumen, una coño´emadrada adeca).

Regresó al país en 1951 y en el gobierno de Betancourt (1959), fue designado Senador Vitalicio. La Constitución del 61 había dispuesto tal designación para los expresidentes elegidos en votaciones directas, pero se le incluyó de manera excepcional, en reconocimiento a su trayectoria.

Fue el único General en Jefe de nuestras fuerzas armadas durante el Siglo XX y recibió como distinción especial del gobierno de Betancourt, una réplica de la espada de El Libertador.

José Eleazar López Contreras, larguirucho personaje andino, que tenía el cuello más extenso que el común de los mortales por la presencia de una vértebra demás a nivel de la región cervical y a quien el pueblo apodara El Ronquito, hijo de Manuel María López Trejo y Catalina Contreras, nace en la población tachirense de Queniquea, en mayo de 1883 y muere en Caracas a los noventa años.

A López Contreras habrá de sucederle en la presidencia otro militar andino, su Ministro de Guerra y Marina, General Isaías Medina Angarita.

Isaías, el tercer hijo de José Rosendo Medina, militar de la estirpe bravía que produce la población de Churuguara, en la Serranía de Falcón, y de Alejandrina Angarita García, nace en San Cristóbal, el 6 de Julio de 1897, viene a Caracas a la edad de 15 años y realiza sus estudios en la Escuela Militar.

Presentada su candidatura, el Congreso le elige con 120 votos, contra 13 de Rómulo Gallegos, 2 de Diógenes Escalante, uno de Luis Gerónimo Pietri y uno del Dr. Pepe Izquierdo.

Electo el 28 de Abril del 41, contrae matrimonio el 30 de ese mismo mes con Irma Felizola y asume la presidencia el 5 de Mayo.

Como bien expresara Miguel Otero Silva, Medina, en su condición de Jefe Militar, había cargado con la imagen de ser la mano dura del gobierno de López, donde todas las medidas represivas le eran atribuidas, en tanto las medidas de apertura y conciliación se atribuían a López a pesar de Medina.

Dentro del ámbito militar, su puesto de mando y su admiración por Benito Mussolini, principal figura del fascismo italiano, contrastan con su acción política que permite autorizar la legalización del entonces temido partido comunista, la fundación de Acción Democrática y Copei, así como del propio partido de gobierno PDV.

Actuando con moderación y amplitud de criterios, Medina continúa realizando los cambios que el país requiere, sin prisa, pero sin pausa.

Durante este período se inicia el proceso de cedulación; se crea el Seguro Social; se comienzan a fundar escuelas rurales; se inicia la Reforma Petrolera con la aprobación de la Ley de Hidrocarburos; se aprueba también la Ley Agraria, que constituye un tímido inicio en el desmantelamiento de la estructura latifundista imperante; el Banco Obrero construye la Urbanización El Silencio; todo ello, en un clima de relativa paz, donde llama la atención el contacto directo del mandatario con la población.

Entre sus colaboradores más destacados, vale la pena mencionar a Arturo Uslar Pietri, Rodolfo Rojas y Manuel Egaña.

Hacia el final de su período, ya existe bastante distanciamiento entre Medina y López Contreras. Llegados a un consenso bastante amplio acerca de presentar la candidatura del Dr. Diógenes Escalante, que contaba hasta con el respaldo de Betancourt y los adecos, los planes habrán de estrellarse contra lo que se podría denominar la rudeza de lo meramente fáctico.

Quizás pensando que era una verdadera locura dirigir un país tan complejo, el Dr. Escalante se enferma. Y si ya era bastante haber logrado un primer acuerdo entre intereses tan diversos, un segundo acuerdo para postular otro candidato, resultó imposible.

Señalemos también, que a pesar de la simpatía que Medina despertaba con su espíritu de apertura, conciliación y diálogo, ya hacía su aparición cierto grado de malestar originado en el aumento del costo de la vida, quizás más como consecuencia de factores externos y de la guerra, que por malas ejecutorias de la administración medinista.

Carlos Román Delgado Chalbaud, Julio César y Mario Ricardo Vargas Cárdenas, Marcos Evangelista Pérez Jiménez, Luis Felipe Llovera Páez, Oscar Mazzei Carta, Jesús María Castro León, Julio Casanova Saluzzo, Josué López Henríquez, Oscar Tamayo Suárez, Rafael Alfonzo Ravard, Carlos Pulido Barreto, Martín Márquez Añez, Félix Román Moreno, Miguel De La Rosa, Antonio Briceño Linares, entre algunos otros, forman parte de las mejores promociones de oficiales que hasta ese momento han tenido nuestras fuerzas armadas.

Este es el grupo de oficiales que, instruidos muchos de ellos en el exterior y en contacto con los cambios tecnológicos y culturales de la postguerra, cuestiona con firmeza los tambaleantes desafueros iniciales de una democracia naciente, que no termina de enrumbarse en ningún sentido.

En tanto en las calles comienza a sentirse la presencia de un movimiento político sin antecedentes en nuestra historia, en los cuarteles hay una oficialidad que entiende que su condición de no deliberantes no tiene que imponerles la castración intelectual como no pensantes.

Desde el año 28, Rómulo Betancourt no ha dejado de estar activo, de formarse política e intelectualmente, de conocer cada problema y cada rincón del país y de establecer relaciones estrechas con los más destacados políticos de Venezuela y el Continente. A la muerte de Gómez en el 36, ya irrumpe en la vida pública e inicia la gestación del movimiento político que años más tarde sería el partido Acción Democrática.

Concurrencia de circunstancias, incluida la enfermedad del candidato presidencial Diógenes Escalante, y el fallido intento del oficialismo de imponer la candidatura del Dr. Angel Biaggini, precipitan una serie de acontecimientos que culminan en el golpe que dan militares y adecos en el 45. Los colorados lanceros resultaron briznas de paja en el viento, frente a la fuerza argumental de los pesados máuser.

Medina posiblemente no llegó a entender que el golpe no era contra él, sino contra lo que él representaba, al ser percibido como extensión temporal del régimen gomecista y su negación de libertades. Una extensión del gomecismo no podía ser apreciada como democrática.

Sus Ministros Consejeros de Política, siempre rodeados por finos intelectuales como Miguel Otero Silva y Carlos Eduardo Frías, no eran quienes podían prevenirle de las serias amenazas a su mandato.

No había quienes le advirtieran que de la llama del sentir de los estudiantes aún quedaban ardientes brasas y que los vientos de fronda del pensamiento democrático estaban soplando con inusitada fuerza, para avivarlas de nuevo e inflamar a toda la nación.